Modernización del Sistema de Transporte Público de Santiago
 

La reestructuración del sistema de transporte publico de la ciudad de Santiago, que el Gobierno ha decidido llevar a cabo a partir del proceso de licitación de recorridos a efectuarse el próximo año, puede constituir una de las principales y mas importantes modernizaciones que se realicen en el país durante la presente década.

Dada la magnitud y complejidad del sistema involucrado, el proyecto presenta importantes desafíos políticos, técnicos, económicos y administrativos. En lo que respecta a los desafíos políticos hace pocos días hemos podido observar el grado de reacción que el proyecto de modernización genera en los principales grupos cuyos intereses son afectados. Siempre es más cómodo y seguro defender el "statu quo", que arriesgarse al cambio que involucra riesgo, a pesar de que este implique un aumento significativo del bienestar para una gran cantidad de habitantes de la ciudad, cuyo nivel de vida se ve afectado directamente por la calidad del sistema que se desea mejorar.

Los desafíos técnicos que esta abordando el gobierno a través de sus grupos especializados son importantes y múltiples. Una reestructuración de la magnitud y complejidad, de la que se esta planteando para la ciudad de Santiago, no ha sido hecha en ninguna otra parte del mundo y supera claramente a los proyectos que han sido recientemente implementados en ciudades como Bogotá, Quito o Lima. Por otra parte, tanto el tamaño como la complejidad del sistema de transporte público de Santiago son claramente superiores al de ciudades como Curitiva que comúnmente son mencionadas como ejemplo de buen diseño y operación. Diseñar, implementar y operar el nuevo sistema que se desea para Santiago plantea problemas técnicos de gran envergadura que no es el caso detallar aquí. Importantes estudios están en marcha y pronto empezarán a entregar los resultados necesarios para guiar la implementación de diferentes aspectos del nuevo sistema: diseño de la estructura física y operacional, determinación de los costos de inversión y operación involucrados, definición de un sistema de tarificación integrada, definición del sistema de gestión y control operacional de los diferentes operadores, recaudación y distribución de ingresos tarifarios, sistema de información para los usuarios, son las tareas más importantes que están en marcha. Si aprovechamos adecuadamente la internacionalmente reconocida capacidad técnica nacional en estos temas, tenemos la oportunidad de construir un sistema que sea un ejemplo a nivel internacional. Ello contribuirá a consolidar la buena imagen internacional que el país posee.

Es obvio que la implementación de un sistema de tal complejidad no puede realizarse de una sola vez, sino que deberá ser hecha por etapas durante varios años. Tanto la magnitud de los recursos públicos y privados necesarios como las complejidades de coordinación involucradas aconsejan una implementación gradual. Este enfoque no está sin embargo exento de dificultades, ya que requerirá un seguimiento y evaluación permanente de los resultados que se vayan obteniendo y flexibilidad administrativa para ir superando los inconvenientes que la implementación práctica vaya planteando. Todo ello requiere un esfuerzo de largo plazo que debe ser apoyado por una voluntad política suficiente para superar los problemas que se vayan presentando.

El sistema actual de transporte público es de mala calidad y hace un uso muy ineficiente de los recursos utilizados. Los más conscientes de lo primero son los millones de usuarios que día a día sufren en carne propia su incomodidad, inseguridad y falta de confiabilidad. La relación calidad precio del sistema es mala como resultado de las graves ineficiencias de su operación. Estas son consecuencia de una estructura de servicios inadecuada, que provoca una mala utilización de las capacidades ofrecidas por los distintos servicios, duplicaciones innecesarias de ofertas, inadecuada y precaria estructura empresarial, conflictos laborales e inadecuadas condiciones de trabajo.

Un aspecto que puede parecer sorprendente para algunos, pero que es consistente con lo que acabamos de decir, es que todos los análisis técnicos preliminares indican que un sistema qualitativamente superior, como el que se desea implementar, no requiere una significativa cantidad de recursos adicionales. De hecho las simulaciones realizadas indican que el gasto real, en que los usuarios deberán incurrir para usar el nuevo sistema, es solo levemente superior al actual, a pesar de que obtendrán un servicio de calidad muy superior. Además, los impactos negativos que el nuevo sistema producirá en términos de contaminación ambiental, accidentes y congestión se reducirán también en forma muy importante.

Por lo tanto el cambio que se desea realizar es, de acuerdo al lenguaje económico "Pareto superior": lo que ganan los beneficiados por el cambio (principalmente todos los habitantes de la ciudad) es muy superior a lo que pueden perder algunos operadores actuales. Los beneficios del nuevo sistema son principalmente financiados por la reducción de las ineficiencias del sistema actual. Por lo tanto, de ser políticamente necesario la comunidad, a través del gobierno, debiera estar preparada para compensar a los "perdedores", ya que aun después de hacerlo obtendrá significativos beneficios.

Hay varios aspectos interesantes relacionados con el nuevo sistema de transporte público que iremos analizando en futuras columnas.

José Enrique Fernández L., Ph.D., Septiembre de 2002.